La Historia del Mono
Sucedió
cierto día, mientras el Mono trepaba a un árbol de la selva en que vivía, que
una astilla se le clavó en la cola. Por más que lo intentase, no podía sacársela,
de modo que fue a ver al barbero en el pueblo y le dijo:
-“Amigo
Barbero, tengo una astilla en la punta de mi cola. Si puedes sacarla, te pagare
muy bien.”
El
barbero intentó quitarle la astilla con su navaja, pero en su lugar cercenó la
punta de la cola del Mono. Éste, enojado, le gritó.
-“Barbero,
Barbero, déme mi cola de vuelta; o sino me tendrá que dar su navaja.”
No
había forma de poner la cola cercenada de vuelta en su lugar, de modo que el
Barbero tuvo que darle su navaja en compensación.
Camino
a casa, el Mono se encontró con una vieja mujer que cortaba ramas para el fuego
de la cocina, y le dijo:
-“Abuela,
eso parece un trabajo muy arduo. Si usa esta navaja que aquí traigo podrá
cortarlas con facilidad.”
La
vieja estaba muy complacida con la oferta y enseguida comenzó a utilizarla para
cortar las ramas, pero no habiendo pasado mucho tiempo, la navaja se rompió. Fue entonces que el
Mono gritó:
-“¡Abuela,
abuela, me ha roto mi navaja! Deberá conseguirme una nueva, o sino me llevare
toda la leña.”
La
Abuela no tenía oportunidad de conseguirle otra navaja, de modo que le dio toda
la leña que había juntado.
El
Mono se llevó la mercancía y estaba yendo al pueblo a venderla cuando se
encontró con una mujer sentada a la vera del camino haciendo galletas.
-“Abuela”,
le dijo, “su leña esta casi consumida, tenga esta que aquí llevo para poder
cocinar mas galletas.”
La
mujer tomó las maderas y le agradeció por su generosidad, pero cuando la última
rama se hubo quemado, el Mono que todavía se encontraba allí parado gritó:
-“¡Abuela,
abuela, quemó usted toda mi leña! Ahora deberá entregarme todas sus galletas a
modo de pago.”
La
mujer no podía conseguirle toda esa madera seca al instante, y no tuvo más
remedio que darle las galletas recién horneadas.
El
Mono tomó las galletas y partió hacia el pueblo, pero en el camino se encontró
con un perro que lo atacó y mordió tan feo como para darle muerte. Y el perro
se comió todas las galletas.
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