I.
Experiencia pura
Zen
no kenkyû (1911) es el primer libro de Nishida Kitarô. Como
tal, presenta un pensamiento aún confuso y desordenado. Si bien es una obra que
despierta sentimientos contrarios (unos lo sobrestiman, otros no le prestan
demasiada atención), lo cierto es que no sólo representa la llave de acceso a
su pensamiento, sino que presenta una teoría ética muy original basada en la
trascendencia de la dicotomía entre sujeto y objeto sobre la base de la
experiencia pura.
 |
| |
Entender
la noción de experiencia pura o junsui keiken de Kitarô Nishida desde el
punto de vista de su teoría práctica (es decir: tanto la ética como la
religión) resulta más sencillo que abordarla como una teoría independiente,
exclusivamente gnoseológica. Creo que esto se debe a que íntimamente la
estética de la experiencia pura y la praxis ética y religiosa se unen. Más aún,
es imposible explicar esta última (la praxis) sin la estética. La experiencia
pura es la pura unidad del yo con el mundo, la pura disolución-fusión del
sujeto y el objeto. Ciertamente esta descripción remite casi instantáneamente
al satori o kenshô (lit. “penetrar con la vista en la naturaleza
de uno”) de la práctica zen. Esta “iluminación” o “despertar” es
descripta por D.T Susuki como “experimentar una apertura a nuestra actividad
mental en su raíz fundamental, cuando esta actividad aún no ha establecido
diferencias y todavía no se ha visto fijada en algo que pueda ser definido de
modo categórico como esto o aquello”[1].
Si bien esta caracterización no entra en conflicto con la experiencia pura de
Nishida (que evidentemente posee una importantísima influencia del zen)
tampoco debemos reducir toda su doctrina a esta rama del budismo. La
experiencia pura es simplemente la base unificadora de la realidad. Esta
realidad única es concreta, donde el sujeto y el objeto son solo dos caras
opuestas entre sí. El yo abstracto, es decir la subjetividad, se autoniega
frente al mundo de la objetividad histórica, de donde surge el yo verdadero. El
yo abstracto es efectivamente abs-tractum en tanto se encuentra separado
y enfrentado al mundo objetivo, en tanto no es autoconsciente de su
expresividad en el mundo concreto. Nishida ofrece un ejemplo gnoseológico de esto
mismo: “Decir que conocemos una cosa significa sencillamente que el yo se une a
esa cosa. Cuando uno mira una flor, el yo se ha convertido en la flor.”[2] Este “conocer a través de volverse”[3] implica a) una supresión del
juicio, una supresión de la intromisión del yo en el acto perceptivo. Sin
embargo también implica, y esto es algo que Nishida no cesa de repetir, que b)
la experiencia pura no es nunca pasiva[4],
sino que este devenir-objeto implica siempre una actividad. Esto va a tener
repercusiones prácticas que nos van a interesar más adelante.
La
noción de experiencia pura es presentada por Nishida de un modo bastante
desordenado. Por momentos parece referir a una experiencia perceptual[5], por otros momentos parece
identificarse con el pensamiento[6] y en otros pasajes se caracteriza como un tipo de intuición intelectual (de
cierto corte schellingniano)[7].
Ciertamente es una noción problemática que tratan buena parte de los
comentadores de Nishida[8].
Creo que si bien es una idea difusa, no es tan complicada como se cree. Si me
pidieran definirla con mis propias palabras diría que se trata de la conciencia
misma experimentada en plena relación con el ambiente, es decir, vivida
concretamente en su entorno histórico. El pensamiento tiende a fragmentar la
realidad, y en ese sentido tiende a la abstracción. El vaciamiento de nuestra
subjetividad nos permite entrar en contacto con lo que Nishida llama el “yo
verdadero”, desfragmentar la realidad y contemplarla como, en términos del
último Nishida, un mundo histórico, “mundo de la identidad contradictoria de la
totalidad una y las individualidades múltiples”[9]
No
pretendo avanzar más sobre la experiencia pura. La aparente aporía que presenta
el conflicto entre los puntos a) y b) presentados antes se resuelve en la teoría
práctica de Indagación del Bien que me propongo exponer ahora. La
experiencia pura sitúa al yo verdadero como principio unificador de la
realidad. Este yo verdadero es un yo subjetivo mediado por la objetividad,
(auto)mediación bajo la que subyace la experiencia pura. Dentro de la
objetividad del mundo, el yo se encontrará con el otro y con la historia, en
ese sentido, puede decirse que la experiencia pura es la experiencia de un
vivir (ikiru) puro, desnudo, que Nishida resolverá en un vivimos.
II. Teoría
práctica
En
la tercera parte del libro (titulada “el Bien”), Nishida hace un repaso de los
sistemas tradicionales de ética. Sólo presentaré a grandes rasgos su propia
exposición, para señalar donde se sitúa él mismo dentro de la tradición
práctica. Nishida divide a las corrientes éticas en 1) Intuitivas, 2) Heterónomas
y 3) Autónomas[10].
1)
En la teoría intuitiva (chokkaku setsu) las leyes de la conducta
resultan claras intuitivamente, es decir, evidentes per se. Nishida
reconoce que la chokakku setsu a pesar de su simplicidad no es relevante
desde la teoría ética pues no da razones de por qué debemos seguir el bien[11].
2)
La teoría heterónoma (taritsuteki ronri gakusetsu) es la teoría de la
autoridad. Nishida subdivide esta tendencia en dos ramas, según la autoridad a
la que uno se subordine sea a) la monarquía (aquí Nishida sitúa a Hobbes y a
Hsün-tzu) o b) la autoridad divina (Escoto de Erígena). Estas teorías son
descartadas, pues para Nishida ambas se sustentan en la subordinación insensata
del yo a un poder mayor por temor al castigo[12]. De aquí se desprende que
Nishida esta buscando una teoría en la que el conocimiento este estrechamente
unido a la libertad. “La conciencia es libre no porque opere sin ninguna razón,
sino porque conoce bien las razones que hay detrás de su funcionamiento.”[13]
3)
Por último Nishida presenta las teorías éticas autónomas (jiritsuteki ronri
gakusetsu) que tipifica a su vez en tres:
a)
Ética dianoética. Se basa en la razón, o ri, es decir en la posibilidad
de aprehender mediante la universalidad de la razón las leyes inherentes al
carácter de las cosas[14].
Frente a la ética racional, Nishida opone una crítica fuertemente humana.
Debemos recordar que Nishida había escrito varios tratados sobre la idea de
causalidad en Hume así como su tesis de licenciatura[15]. En efecto, la ley “ama a tu
semejante” no puede explicarse mediante el entendimiento, porque “los juicios
lógicos no son necesariamente causas de la voluntad, pues la voluntad nace de
sentimientos e impulsos, no de la mera lógica abstracta.”[16] (En esta corriente Nishida
sitúa a Samuel Clarke, a los cínicos, a los estoicos, y tácitamente, al mismo
Kant).
b)
Ética hedonista. El hedonismo puede ser egoísta (escuela cirenaica) o
universalista (utilitarismo). La única diferencia radical entre ambos es que
mientras el primero considera al placer (kairaku) del yo como la única
meta de la vida humana, el utilitarismo habla del placer social o público. El
universalismo de Bentham y Mill es en el fondo un egoísmo camuflado, tanto este
hedonismo como el epicúreo olvidan algo que va a ser clave para la teoría que
se dispone a caracterizar Nishida: el altruismo, es decir, el yo como autoidentidad
absolutamente contradictoria.
c)
Energetismo o teoría de la actividad (katsudô setsu). Nishida finalmente
concluye que “la base para determinar el valor de la voluntad sólo puede
buscarse en la voluntad misma”[17].
Esto, en los términos que había expuesto Nishida hacia el comienzo del libro,
solo puede remitir a la necesidad de fundamentar la praxis en la
autoconsciencia del yo verdadero. Pero ¿cuál es el fundamento para que este
verdadero yo sea garantía del buen obrar? Nishida sitúa a la doctrina ética de
Aristóteles dentro de la teoría de la actividad. A continuación desarrollaremos
los puntos principales de esta teoría y los relacionaremos con el pensamiento
del Estagirita, pensamiento del cual Nishida, anacrónicamente, se considera
deudor.
III.
Ética nishideana: teoría de la actividad (katsudô setsu).
La
ética nishideana tiene rasgos ampliamente naturalistas. En principio, como la
aristotélica, es teleológica. En Nishida este teleologismo se va a presentar en
los siguientes términos: la meta de la voluntad va a ser el bien, y el bien va
a ser la consumación (jitsugen, también realización o “self-actualization”)
de la personalidad. Ahora, una de las preguntas que debe contestar Nishida es
la siguiente: ¿Cuál es el criterio de la buena conducta? ¿Cómo logra ésta
alcanzar su propia jitsugen?
En
Aristóteles, era en la figura del phrónimos donde se condensaba el buen
criterio capaz de establecer el canon objetivo de la norma. La razón práctica (phrónesis)
en efecto, no sólo era para el Estagirita la capacidad y la virtud de deliberar
correctamente acerca de las cosas buenas, precisamente por eso, es la virtud
referida a la deliberación (boule; boúleusis; bouleúesthai) sobre
asuntos humanos y contingentes. Obrar conforme a la phrónesis es
un obrar práctico en confrontación con el obrar teórico de la sabiduría (sophía).
El prudente obra según cierto instinto natural que tiende hacia el término
medio. La ética aristotélica es bien conocida, pero ¿dónde se nodifica con la katsudô
setsu nishideana? Creo que lo que interesa a Nishida de la teoría
aristotélica son principalmente dos aspectos diferentes: el aspecto natural y
el aspecto social.
Como
ya se dijo, la satisfacción (manzoku, opuesto al hedonista kairaku:
placer, goce) de los requerimientos del yo verdadero es la jitsugen de
la personalidad. Para Nishida, esta necesidad interior (y natural) del yo se
revela por medio de la sinceridad (makoto[18]). En este punto
pretendo recapitular todo lo hasta ahora dicho. La noción de makoto es
un punto clave de la ética de Nishida. Makoto es la potencia del yo
verdadero, porque contiene la huella de la experiencia pura. “En la perspectiva
del energetismo, el bien es pues primariamente una armonía coordinada-o término
medio- entre varias actividades”[19].
La conciencia es la encargada de unificar varias actividades y lo hace sobre la
base de la experiencia pura. Sólo es posible lograr una armonía entre varias
actividades, si éstas son contempladas fuera del marco de la distinción
abstracta de sujeto y objeto. El bien se alcanza mediante la unión de la
subjetividad con la objetividad. Makoto es la desnudez absoluta del yo concreto.
El yo se autoniega a sí mismo frente a la objetividad, en esto consiste la
sinceridad. La sinceridad no hace más que expresar la naturaleza original del
hombre. Esta naturaleza, dirá Nishida, es altruista, pero el altruismo del yo
no es la supresión de éste, sino la autonegación del yo abstracto.
 |
| |
Al
parecer Nishida estableció una ética basada en la autonegación del individuo, y
sin embargo, nada es más lejano al pensamiento de Nishida. Nishida niega un
cierto modo de ser del yo, específicamente niega el yo abstraído. El yo
verdadero, es decir, el individuo, surge cuando el yo abstracto se ve mediado
activamente por la comunidad. No es negado propiamente por la comunidad,
sino que se autoniega. La sinceridad revela al no-yo (muga), lo
mismo que había dicho Aristóteles: que el hombre es por naturaleza social.
Ahora bien, frente a la sociedad el individuo de ningún modo se disuelve, sino
que alcanza su jitsugen en sociedad. “A medida que crece nuestra
personalidad, los requerimientos del yo se hacen cada vez más sociales”[20]. De este modo surge lo que
Nishida opta por llamar subjetividad transindividual[21]. De este modo el
individuo deviene humanidad autotrasformadora y autoexpresiva. La subjetividad,
no se ve afectada pasivamente por la sociedad, sino que al ser éste un
movimiento de autonegación, es siempre activo, autocreativo y autoexpresivo.
“El sí mismo libre y volitivo, como subjetividad configuradora, expresa siempre
el mundo objetivo dentro de sí mismo”[22].
La subjetividad y la objetividad no se oponen, tampoco el individuo y la
comunidad, eso es lo que revela la verdadera idea de makoto.
Tanto
la ética aristotélica como la nishideana se sustentan en una noción natural: phrónesis y makoto respectivamente. La primera, ligada a la razón occidental,
refiere a una reciprocidad entre el sujeto cognoscente y el objeto de
conocimiento. En esta reciprocidad se revela la armonía, a partir de la cual,
el prudente (es decir, un sujeto prudente) establece el justo medio o
mesura que servirá de criterio para la acción moral. El concepto de makoto en cambio, presume otro tipo de relación, una relación de identidad
absolutamente contradictoria entre el yo y lo absolutamente otro. El criterio
de la buena conducta será un principio inmanente-trascendente y trascendente-inmanente.
Este principio no es más que junsui keiken, que revela la íntima unidad
entre la conciencia del yo verdadero y el mundo. El segundo punto de encuentro
entre Estagirita y Nishida es la problemática socio-política. Así como en el
primero, “la política y la prudencia son el mismo hábito (EN VI viii 1141b
20-25)”[23],
también en Nishida la idea de makoto revela un compromiso político. En Zen
no Kenkyû, instancia aún primitiva del pensamiento de Nishida, la noción de makoto revela la necesidad del yo de alcanzar su jitsugen en
sociedad, siempre y cuando esta respete los requerimientos para la manzoku del individuo. En palabras de otro gran pensador japonés, Watsuji Tetsurô, makoto se define como “una verdad propia del ser humano realizada únicamente en una
unidad socio-ética”[24].
Esta verdad se opone a la verdad aprehendida por el phrónimos,
propiamente objetiva, y en última instancia, contemplativa. Sin embargo, “el
intento aristotélico de dar cabida a la consideración de lo socialmente existente
como un punto de partida inevitable y de conceder al aspecto no-racional de la
acción un papel determinante en la formación del fenómeno moral (...)”[25] es el mismo intento que
podemos apreciar en Nishida. Éste no niega la dialéctica ni la neutraliza, al contrario,
resalta la oposición absoluta entre un individuo y otro, esta relación es la
base, la “experiencia pura” del ser-concreto y del encontrarse ex-sistiendo en
la realidad. La noción de makoto esta mostrando al ser humano en su
estado más frágil, y a su vez (aunque rehúyo a hablar de esencialismos) en su
estado más esencial, su carácter social. Otra vez citando a Watsuji:
“Básicamente hablando, un ser humano sólo se vuelve autoconsciente de la sinceridad viviendo su vida en esta sinceridad”[26].
Esto es, cuando en su corazón (kokoro) se vuelve consciente de su identidad
absolutamente contradictoria, y de que la oposición absoluta con el otro es
no-oposición absoluta con el no-otro.
IV.
Conclusión y perspectivas
Intenté
esquematizar muy burdamente los puntos claves de la ética nishideana que
presenta su obra Zen no Kenkyû. Este libro, a pesar de mostrarnos el
pensamiento de Nishida en un estado larvario, constituye no sólo una excelente
puerta de acceso a su pensamiento, sino a todo el pensamiento de la tetsugaku japonesa contemporánea. Además, me contentaría haber señalado que la filosofía
de Nishida, a veces excesivamente vinculada al zen, reclama para sí un
lugar importante dentro de la filosofía práctica y política. De hecho es un
prejuicio vincular al zen, como se pretende, con cierto olvido de la
realidad. Como dijo Susuki, que además era amigo de Nishida, “no hay nada que
el Zen valore más que las realidades”[27].
Ahora bien, a pesar que excede los objetivos de este trabajo, también quería
hacer una breve alusión al contexto histórico que sitúa a Nishida. Por un lado
hay que reconocer, como señala Christopher Jones, que Zen no kenkyû construye una filosofía altamente crítica del imperialismo y al
ultranacionalismo de acuerdo a cierta postura liberal característica de la era
Meiji (1867-1912)[28].
Por otro lado no hay que dejar de lado que Nishida, luego de 1911, se acerca
paulatinamente a una actitud de colaboración con el ultranacionalismo[29], aunque se mantenga alejado
de su facción más extrema y militarista[30].
Creo que esta mención es necesaria pues se trata de un filósofo poco leído en
nuestro ambiente académico, y se hubiera podido malinterpretar la meta de este
trabajo[31].
Espero que progresivamente vaya formándose un ámbito para los estudios
orientalistas. Sólo este espacio hará posible una crítica concreta del
pensamiento de Nishida y nos permitirá asimilar otros aspectos muy ricos de su
pensamiento. De este modo, creo que el choque con un pensamiento exógeno como
es el japonés muchas veces desata un mecanismo autocrítico que permite ampliar
el grado de multiculturalismo y pluralismo, tan importante tanto en el
territorio de la ética como en el de la filosofía en general.
 |
| |
El “Camino
del filósofo” cerca de la Universidad de Kyoto, uno de los recorridos favoritos
de Nishida.
[1] Susuki, Daisetsu Teitaro, ¿Qué es el Zen?, trad. Carlos
Vergara, Madrid, Losada, 2006, p. 104
[2] Nishida, Kitarô, Indagación del Bien, trad. Alberto Luis
Bixio de la versión inglesa de Masao Abe, Barcelona, Gedisa, 1995, p. 123
[3] Véase Heisig, James, Filósofos de la Nada, Barcelona, Herder, 2002, p. 83-87
[4] Nishida, Kitarô, ut supra, nota 2, p. 56
[8] Para consultar un tratamiento de orientación lógica de la
experiencia pura se puede consultar Wargo, Robert, The logic of nothingness: a
study of Nishida Kitarô, Estados Unidos, University of Hawai´i Press, 2005,
p.34-58
[9] Nishida, Kitarô, La lógica de la Nada y la cosmovisión religiosa en Pensar desde la nada -tres ensayos de Kitarô Nishida-,
Salamanca, Sígueme, 2006, p. 39
[10] Nishida, Kitarô, ut supra, nota 2, p. 151
[15] Heisig, James, ut supra, nota 3, p. 55-56
[16] Nishida, Kitarô, ut supra, nota 2, p. 161
[18] El término es largamente comentado por
occidente. Es usualmente asociado a la ética de los samurais, pero también al
comportamiento japonés en general. Como rasgo característico japonés, podría
verse en la importancia de esta idea un germen etnocentrista. Para profundizar sobre la noción de makoto consultar: Reasoner, Paul,
“Understanding Japanese Values”, Philosophy East and West, Vol. 40, No.
4, University of Hawai´i Press, (Oct., 1990), p. 471-488.
[22] Nishida, Kitarô, ut supra, nota 9, p. 53
[23] Aristóteles, Ética Nicomaquea, trad. Eduardo Sinott, Bs. As.,
Colihue, 2007, p. 216
[24] Watsuji, Tetsurô, Watsuji Tetsuro´s Ringaku – Ethics in Japan, Albany, State University of New York Press, 1996, p. 272 (la traducción es mía)
[25] Guariglia, Osvaldo, La ética de Aristóteles o la moral de la
virtud, Bs. As., Eudeba, 1997, p. 309
[26] Watsuji, Tetsurô, ut supra, nota 24, p.272
[27] Susuki, Daisetsu Teitaro, tu supra, nota 1, p. 135
[28] Jones, Christopher, “Ethics and Politics in the Early Nishida:
Reconsidering Zen no kenkyû”, Philosophy East and West, Vol. 53, Nº 4, University of Hawai´i Press, (Oct., 2003), p. 530
[29] Lavelle, Pierre, “The Political Thought of Nishida Kitarô”, Monumenta
Nipponica, Vol. 49, Nº 2, (Verano, 1994), p. 164.
[30] Al respecto consultar: Jacinto Zavala, Agustín, “El
antimilitarismo de Nishida Kitarô”, Relaciones, Vol. V, Núm. 20, 1984,
p. 37-74.
[31] En efecto, mi mención atenta contra la delicadeza del asunto.
El debate sobre las implicancias de la escuela de Kioto con el nacionalismo es
amplio y multifacético. La reseña que hago, pretende no dejar pasar por
desapercibido este aspecto tan importante del estudio de la filosofía japonesa
contemporánea. Buenas fuentes de consulta sobre el tema son las obras citadas
en las notas 3, 28,29 y 30
|