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| Titulo: |
La tumba de las luciérnagas
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| Autor: |
Akiyuki Nosaka
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| Traducción: |
| L. Porta y J. Matsuura |
| Editorial: |
El Acantilado
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| Pág: |
| 142 Págs. |
| Comentario |
Sucede a veces que las palabras no son suficientes. No, al menos, las palabras específicas que debieran bastar para comentar un tema determinado. Y es entonces que uno debe recurrir a símiles y extrapolaciones de otro tipo de experiencias. Al cerrar La tumba de las luciérnagas e intentar repensar las impresiones que me había producido, sentí un gusto agridulce en la boca. Y hago una aclaración: por agridulce no me refiero a una sensación de ambigüedad ni de mediocridad. Todo lo contrario. Fue como uno de esos platos de la alta cocina de los que uno se hace una idea preconcebida, y que terminan por sorprendernos. Si esta analogía puede ser interpretada de dos maneras distintas, mi intención es que se interprete de ambas formas al mismo tiempo.
En líneas generales, el autor de Los pornógrafos nos presenta un panorama desolador. No el de la guerra en sí, sino el de sus consecuencias. Nos cuenta de un Japón no sólo desgarrado. Eso ya lo han hecho muchos. Su mérito radica en introducirnos en un mundo desorientado, que ha perdido todo sentido y dirección. El Japón de Nosaka es un país que no encuentra la forma de hacer pie para levantarse. Y por más que sabemos que finalmente logrará no sólo rearmarse, sino convertirse en superpotencia, en los relatos de este libro adivinamos las grietas que aún hoy deben resquebrajar sutilmente el alma de ese pueblo.
El libro contiene dos historias. La primera (que da nombre al libro) nos invade con imágenes poéticamente horribles que, puedo asegurarlo, quedarán grabadas en nuestra memoria por siempre. Es la tristísima historia de un niño y su hermana, separados de sus padres durante un bombardeo en la ciudad de Kobe. No contaremos aquí la suerte de los niños, pero sí aclararemos que la historia se vuelve mucho más triste al saber que coincide en varios puntos con la biografía del autor: la pérdida de sus padres, el bombardeo sobre Kobe (su hogar) y el destino de su hermana.
La segunda historia, Las algas americanas, cuenta el encuentro de una pareja japonesa y una pareja inglesa durante unas vacaciones. Cuando los turistas ingleses llegan a Japón para visitar a sus amigos estivales, el personaje del marido japonés se encuentra en una situación absurda: ante la envidia que le produce la persona del otro personaje masculino, se debate entre mantener su estoicidad japonesa y poner a su amigo en situaciones que intentan dar por tierra con lo que él pretende ser. El tema sirve de crítica al ánimo japonés del momento, que se debatía entre la crítica de las maneras occidentales y el deseo de abrazarlas como propias, buscando la forma de hacerlo con la mayor dignidad posible, sin perder el temple samurai.
Ambas historias son fuertes críticas sociales. Las dos están contadas con maestría y comparten un lenguaje narrativo muy simple y claro. La primera es una historia muy triste, que asomará un lágrima en nuestros ojos. La segunda, presenta una situación absurda no sin cierto humor. Ambas se equilibran en este hermoso volumen.
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Darío Seb Durban
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| Titulo: |
Sauce ciego, Mujer dormida |
| Autor: |
Haruki Murakami
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| Traducción, autor de introducción, notas y comentarios: |
| Lourdes Porta |
| Editorial: |
Tusquets
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| Pág: |
| 386 Págs. |
| Comentario |
Que Haruki Murakami ha conquistado el corazón de los lectores de habla hispana es una verdad tan cierta como que su territorio por excelencia es la novela.
Sauce ciego, mujer dormida es la primera compilación de cuentos del autor que ve la luz en la lengua castellana y particularmente en la mía, ha dejado cierto sinsabor.
En su prólogo Murakami comenta: “Por decirlo de la forma más sencilla posible, para mí escribir novelas es un reto, escribir cuentos es un placer”. Podría recordar en este momento el viejo adagio que recomienda no mezclar el placer con el trabajo, pero estaría cayendo en la humorada oportunista, por lo que continúo con el prólogo del autor. “Si escribir novelas es como plantar un bosque, entonces escribir cuentos se parece más a plantar un jardín.”
Pues bien, en el jardín de Sauce ciego, mujer dormida, el estilo, la forma y la cadencia de la prosa de Murakami están presentes y sin embargo no bastan. El tránsito entre el paisaje onírico y la cotidianeidad aplastante que acostumbra abordar en sus novelas, toma su lugar en casi la totalidad de los textos, incluso podemos observar en algunos cuentos el germen de algunas de sus grandes obras, pero no podemos evadir la falsedad en el texto, la manipulación del autor. Retomando la comparación hecha por el mismo Murakami podemos decir que mientras sus novelas son como un bosque frondoso, sus cuentos son como pequeños bonsáis, que no por llamativos dejan de ser manipulaciones de la naturaleza verdadera, pintorescas miniaturas que no son más que árboles contrahechos. Hay quien, con el dedo índice en alto, me acusará diciendo que toda literatura es artilugio. Pues bien, la vida misma está plagada de artilugios, esa flecha imaginaria que llamamos tiempo no es más que una manipulación de nuestra conciencia que trata de organizar un poco este cúmulo de latidos desperdigados que llamamos vida. Ahora bien, ya sea en la existencia misma o en el arte, el truco con todo artilugio, como todo buen demiurgo sabe, es que pase desapercibido. Es en esto en lo que fallan los cuentos de Murakami y es justamente esto lo que, como argentino y latinoamericano, es decir, como partícipe de un escenario cultural que ha cultivado, buscado y encontrado en reiteradísimas oportunidades la excelencia en el arte de la narrativa breve, no puedo pasar por alto.
En definitiva, Sauce ciego, mujer dormida es un divertimento válido para todo amante de la prosa Murakamiana pero una pésima puerta de acceso a su obra.
Jeremías Lynch
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Jeremías Lynch
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