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Leyenda en reciclaje. El caso de Gri gum y Lo ngam. PDF Imprimir E-Mail


Por Francisco Javier Ayllón Piquero

A continuación, el licenciado y doctorando Francisco Ayllón Piquero comparte con los lectores de Revista Seda un adelanto de su tesis doctoral, en la que analiza de manera erudita, en el texto de una conocida leyenda, la batalla cultural librada por los pueblos tibetanos adeptos al bon ante la llegada del budismo.

 
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Este artículo da cuenta, a grandes rasgos, de una tesis doctoral en marcha (aún en una fase temprana de su desarrollo) en el departamento de estudios tibetanos de la Universidad Central de las Nacionalidades de China, en Pequín, dentro de un programa de doctorado en historia de la religión. Aunque tengo un pequeño grado de involucramiento personal en cierta tradición espiritual tibetana, en el plano académico no son en absoluto los aspectos filosóficos, doctrinales o devocionales del hecho religioso los que llaman mi atención, sino las formas en que él, trascendiéndolos, se engarza como participante inherente en el tejido social y político del que forma parte.
 
El tutor de mi tesis, Tshering Thar,[i] actual director del departamento, participa activamente en círculos tibetológicos internacionales y es figura muy sobresaliente dentro del estudio académico en China del bon.[ii] Muy brevemente, del bon tendríamos que decir que es una singular tradición espiritual tibetana que, pese a haberse llegado a mimetizar con el budismo de allí y ser indistinguible de él en muchos sentidos, hace remontar su ascendencia y su legitimidad a un fundador al que sitúa como muy anterior al Sakyamuni, al Buda; una tradición que, por razones en parte políticas, estuvo en fuerte rivalidad (a veces francamente violenta) con el budismo en el albor histórico de Tíbet y que, luego, perseguida y estigmatizada por siglos, ha permanecido hasta hace muy poco en una posición francamente minoritaria. El bon, casi enteramente desconocido en Occidente —salvo para unos pocos estudiosos—[iii] hasta los años sesenta y setenta del siglo XX,[iv] ha vivido un fuerte auge a raíz de la salida de sus maestros y sus textos sagrados al exilio tras los convulsos acontecimientos de Tíbet, y también del reconocimiento oficial del actual lama Dalai a su valor como depositario esencial de una parte muy importante de la cultura espiritual tibetana. Yo también me interesé personalmente en el bon poco antes de conocer a mi director de tesis y embarcarme, de su mano, en la investigación.
 
Entre los varios aspectos fascinantes del bon como sujeto de estudio, no son precisamente de poca monta los relativos a su participación histórica en los procesos que fueron centrales en la formación de la identidad social y política de los tibetanos. Y, concretamente, su titánica lucha por contrarrestar la tendencia hegemónica de la corriente budista. Esta rivalidad, nacida de oscuros acontecimientos que parecen remontarse al menos al siglo VIII de nuestra era, proporciona un fertilísimo campo de indagación para quienes quieran estar atentos precisamente a los factores sociopolíticos de la religión.[v]
 

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Chime Tsugpu, Deidad Bon
www.himalayanart.org

 
Uno de los baluartes más destacados del bon —si no el que más— en el combate ideológico es la versión que sostiene de una leyenda histórica antiquísima (de hecho, protohistórica), extraordinaria tanto por el enigma que supone —envuelta, literalmente, en la bruma de los tiempos por situarse en época muy anterior a cualquier registro escrito en lengua tibetana— como por su extrañísima belleza y por reflejar, según muchos, acontecimientos de la mayor envergadura para el desarrollo no solo del bon y del budismo sino de toda la historia de Tíbet y de su pueblo. Es esta leyenda el foco de mi tesis doctoral y del presente artículo.[vi]
 

Gri gum y Lo ngam
Gri gum btsan po,[vii] el octavo monarca de la genealogía real tradicional de Tíbet,[viii] es un personaje que ha llamado la atención por la visible distorsión que en ella introduce. Se ha señalado a Gri gum (cuya leyenda incluye el objeto concreto de mi tesis y de este artículo: la heroica batalla en que encontró la muerte a manos de Lo ngam[ix]) y su directo sucesor, sPu lde gung rgyal, como elementos extraños incrustados en la lista. Sea como fuere, resulta harto evidente que la historia de estos dos reyes ha recibido de la tradición tibetana una atención y un tratamiento del todo inusuales, frente a la poco menos que mera relación mecánica de nombres con que se nos presenta la mayoría del resto de la genealogía real.
 
Todo ello ha dado pie a la tesis, apoyada en las opiniones del gran tibetólogo italiano Giuseppe Tucci y, posteriormente, del danés Erik Haarh,[x] de que la intercalación del originalísimo relato sobre estos dos reyes, y especialmente de Gri gum, refleja el recuerdo, parcialmente sublimado y embellecido, de acontecimientos protohistóricos que habrían representado un colosal cambio cultural en la sociedad tibetana en una época muy remota y que, posiblemente, incluyeron una confrontación armada directa entre pueblos y la introducción en Tíbet de costumbres y rituales funerarios totalmente nuevos, quizá extranjeros. Esta interpretación, aunque básicamente un producto intelectual inteligente, elegante y bien razonado pero, a fin de cuentas, especulativo y artificioso, ha seguido prevaleciendo hasta nuestros días como la explicación de la historia de Gri gum. Nadie más ha hecho ningún intento serio, ni de crítica a fondo de las ideas de Tucci y Haarh, ni de avance de una nueva hipótesis al respecto. Algunos estudiosos se han embarcado en breves indagaciones sobre detalles específicos, como la identidad de Lo ngam o la localización de la tumba de Gri gum, pero la fragmentariedad y escasez de las evidencias deja también estos dignos esfuerzos no lo bastante lejos del terreno de las adivinanzas. Hasta hoy nadie ha dedicado una completa investigación monográfica a las fascinantes aventuras de Gri gum, Lo ngam y sPu lde.
 

Realismo mágico
Gri gum no parece un ser humano corriente. Tiene poderes mágicos, como el de ascender físicamente a los cielos. Le llaman «hijo divino». Pero, al poco de nacer, cuando la vieja y medio sorda nodriza, que había de ponerle nombre, inquiere acerca del estado de los prados y las crestas rocosas en pos de augurios que la ayuden en la tarea, oye las respuestas completamente al revés y le pone al pequeño un nombre funesto: Dri gum, «muerto por contaminado».[xi]
 

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Chorten
Estructura simbólica que representa el camino a la iluminación completo y la meta de la misma realización.
www.himalayanart.org

 
Gri gum ha vivido siempre atormentado por el terrible estigma de su nombre. Quizá por eso, siendo ya rey, desarrolla una personalidad engreída, acalorada, inusitadamente violenta. No busca solaz sino en retar a duelo mortal, uno por uno, a diversos miembros de la familia real...
 
Estas primeras menciones a Gri gum, que aquí reflejo en forma de glosa, constituyen el mismísimo pasaje inicial de la Crónica Vieja de Tíbet,[xii] uno de los documentos clave que han ayudado a arrojar luz sobre la historia más lejana conocida del país.[xiii] La Crónica representa, desde luego, el testimonio escrito más antiguo (por datación rigurosamente objetiva, aunque a otros se atribuyen tradicionalmente épocas anteriores) que nos ha llegado sobre Gri gum, el octavo monarca, que supuestamente debió haber vivido muchos siglos antes de la composición del manuscrito.
 
Desde este comienzo con apenas unos pocos detalles que apuntan ya a lo extraordinario, el relato de la Crónica Vieja se empieza a desenvolver en un ambiente más y más extraño, y nos deja una leyenda absolutamente maravillosa…
 
Así que Gri gum retó a duelo también a Lo ngam. Este, empero, después de haber rehusado primero cortésmente, ante la insistencia le iba a salir respondón al monarca por sus bravuconerías: muy bien, pero, a cambio de aceptar el duelo, le iba a exigir (extraordinaria insolencia para un simple vasallo) que le entregara de antemano algunas de sus pertenencias mágicas: la lanza autoalanceante, el cuchillo autocortante, la malla autoajustable y el escudo autoempellante… Fue esta solo la primera de una serie de estratagemas encaminadas a tentar la soberbia de Gri gum, enfurecerle, hacerle salir de sus casillas… Gri gum, fatuo, hinchado cada vez más de su engreimiento, iba a responder con crecientes alardes de autosuficiencia: naturalmente, él iba igualmente a destruir a Lo ngam con o sin sus instrumentos mágicos, y no importara qué otras impertinencias le presentara el rival…
 
Es el día de la batalla. Gri gum llega al frente de su séquito armado. Lo ngam le recibe con nuevas exigencias, el rey consiente igualmente… Lo ngam ha traído cien bueyes, cargados de sacos de cenizas, con puntas de lanza atadas a los cuernos: entra en acción de inmediato, doscientas lanzas al galope, Lo ngam en medio, una nube negra oscurece el cielo…, la embestida ante el rey de una aterradora e informe máquina de destrozar de la que nada podrá salir indemne.
 
La confusión del momento se mezcla aquí con la casi insalvable dificultad de traducir el tibetano arcaico en que está escrito el manuscrito, más las claves culturales extrañas a nosotros, pertenecientes a otro tiempo y otro enclave muy, demasiado remotos: Lo ngam atraviesa el espacio que le separa del rey; Gri gum, sorprendido y aterrado, intenta salvarse…, ¿volando?…; su deidad ancestral tira de él hacia el cielo; Lo ngam reacciona a tiempo sacando un mono (¡otros interpretan que un hacha!) de la axila (¿de la axila de quién?…, otros dicen que de la ingle); la deidad ancestral del rey se estampa contra la matriz del glaciar Ti tse, y allí muere. El rey ha quedado en desamparo. Lo ngam lo mata allí mismo.
 
Es exactamente así, con esta trepidante secuencia casi cinematográfica de confusos momentos fugaces, apenas esbozados, como se construye el ritmo narrativo con que la Crónica Vieja cuenta esta batalla. Al mismo tiempo hiperarcaica e hipermoderna, así aparece por momentos esta versión primera de la leyenda de Gri gum y Lo ngam.
 

En reciclaje
Cuando en 1972 Samten Karmay[xiv] publicó Treasury of Good Sayings, traducción parcial de un tratado sobre la historia del bon escrito por el célebre maestro bonpo (seguidor de la tradición bon) bKra shis rgyal mtshan (1859-1935), la única versión completa de la leyenda de Gri gum traducida a una lengua occidental era la de la Crónica Vieja de Tíbet. Aparte, varios estudiosos habían citado pasajes o referencias indirectas de un puñado de otras fuentes.
 

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Treasury of Good Sayings, portada.

 
El panorama ha cambiado muy sustancialmente desde entonces: hoy tenemos acceso a una veintena de textos, entre fuentes primarias y recopilaciones recientes hechas por autores tibetanos, que relatan en mayor o menor extensión la historia. Ello se debe a la publicación de obras cuya existencia era conocida ya, especialmente budistas, y al boom que ha resultado ser el afloramiento del bon después de siglos de semiostracismo, con una inmensidad de materiales escritos que prometen décadas de estudio apasionante para los tibetólogos. Un amplio estudio comparativo de las fuentes de la leyenda es ahora, para empezar, posible (Karmay en sus años mozos no podía ni soñarlo) y ha sido señalado por varios académicos como una tarea pendiente de gran interés.
 
Y lo primero que vemos emerger es que, si ya el relato original de la Crónica Vieja resultaba fascinante, no es muy exagerado decir que en estos años se ha revelado como la versión completa más insulsa de todas, la más parca en imaginario. rGyal rabs gsal ba’i me long (Brillante espejo de las dinastías, de Bsod nams rgyal mtshan, s. XIV) añade, por ejemplo, una muy peculiar escena. Ya citado Lo ngam para el combate, el rey Gri gum envía en secreto a un espía muy especial: su perra que todo lo escucha… Lo ngam, sin embargo, parece estar ya al corriente. Reconoce a la perra, e inventa una artimaña: en voz alta se lamenta de que hallará muerte cierta de manos del rey si este acude sin séquito militar, con un turbante negro en la cabeza y un espejo en la frente, portando un zorro muerto en el hombro derecho y un perro muerto en el izquierdo, acompañado de un buey rojo cargado con sacos de ceniza, y girando su espada por encima de la cabeza. Así, ya de vuelta, se lo relata la perra al rey, y así… cae Gri gum en la trampa: el rechinar de dientes del propio gobernante henchido de cólera asusta al buey, de nuevo vuelan las cenizas, el perro y el zorro han mancillado («muerto por contaminado», había predicho la Crónica Vieja) y espantado a los espíritus guardianes que habitan en los hombros del monarca, y él mismo, blandiendo neciamente en círculos la espada, corta la tradicional conexión real, la cinta que unía su casco con el cielo, la que era su retirada final, su vínculo único; será el primer rey tibetano que al fin de sus días en la Tierra no regrese al hogar divino de su linaje, ha seccionado el acceso para él y todos sus sucesores. Lo ngam, en medio de la oscuridad y la confusión, tiene un blanco certero al que apuntar su flecha, lo único que muestra algún destello: el espejuelo en mitad de la frente del rey. Será, pues, Gri gum el primer monarca cuyo cadáver yazca en tierra…
 
Así es como empieza el reciclaje de nuestra leyenda, se desdobla, se recrea en contorsiones a cuál más fantástica. Y no solo fantásticas, sino que, si uno permanece atento, cargadas de mensaje ideológico. La versión de la leyenda que cuenta Brillante espejo… ha sido históricamente la más a menudo reproducida, base común que, con apenas retoques, ha circulado de forma muy mayoritaria, la versión estándar de la historiografía tradicional budista. Y es muy fácil ver a Gri gum aparecer en ella como un personaje caricaturesco, ridículo, engañado ahí donde se creía más listo (la perra que todo lo escucha…), asustando al buey con el fatuo rechinar de sus dientes, el buey se pone a botar y las cenizas vuelan, y, estoy tentado de decir, engañado también por supersticioso (¿cómo es tan bobo que accede a semejante clase de supercherías como ponerse perros muertos sobre los hombros?)…
 

Narrativa, historia y autoridad
Al mismo tiempo que se ha evocado la abundante presencia del realismo mágico en la obra del escritor contemporáneo Tashi Dawa, se ha señalado que, pese a su ascendencia tibetana, en realidad él se crió en áreas puramente han[xv] de la República Popular China, de forma que su visión del mundo cultural de la tierra de sus antepasados está coloreada de la extrañeza de lo exótico, de lo que él, como tibetano «de segunda mano», percibe tan desde fuera como cualquier habitante de la gran urbe china, la que cabalga alegremente a lomos de la modernidad. No es extraño que sea precisamente un tal «tibetano de afuera» el autor de una literatura tibetana tan original, tan transgresora de las fronteras entre la fantasía y la realidad.[xvi]
 
También el lector colabora en crear una leyenda, y en esto Occidente lleva mucho tiempo fantaseando respecto de Tíbet (las nieves perpetuas, el techo del mundo, Shangrila…), así que, ¿cómo, sino fascinantemente extrañas, van a parecernos las aventuras de Gri gum y Lo ngam?
 
El auténtico filón en este caso han sido los relatos guardados en obras de la tradición bon. Y revelan mucho acerca de cómo el punto de vista transforma las historias (y, de paso, la historia). Para el bon, la aventura de Gri gum es un punto de la máxima importancia en su lucha ideológica contra el budismo: necesitan probar que el bon estaba presente y plenamente desarrollado en Tíbet desde mucho antes de que el budismo llegara desde la India. Y tenemos hoy toda una batería de textos, algunos de ellos especialmente significativos por la autoría y antigüedad que la tradición bon les asigna,[xvii] con detalles sumamente interesantes. Sitúan unánimemente como causa última de este episodio, no el error accidental de una anciana y sorda comadrona, sino el que Gri gum, poseído según varias de las fuentes por una fuerza demoníaca, había decidido erradicar al bon y expulsar del país a sus sacerdotes, crecidos en autoridad hasta límites intolerables para un rey soberbio: el infortunio estaba servido. Y aquí no vemos a un Lo ngam astuto que le sale respondón al rey y le exige «el oro y el moro», sino a un Lo ngam muerto de miedo ante el reto de Gri gum, huyendo por las regiones de Tíbet, atormentado por su suerte, a quien, sin embargo, una noche se le aparece (en sueños según unas fuentes, en aparición real según otras) el genio protector del bon, el cual le da no solo el coraje que necesita para afrontar la lid, sino la táctica precisa con la que podrá engañar y vencer al rey.
 

Florilegio de yerbas
Igual que de la historia de la religión me interesa su dimensión social, del episodio que nos ocupa me interesa mucho menos su historicidad (si de veras sucedió y cuándo, la identidad de los personajes, la localización real de la tumba…, todos estos detalles sobre los que tanto se ha discutido y que muy posiblemente jamás lleguen a aclararse), y mucho más la otra historia: no la historia como colección de hechos objetivos, de certezas, de autenticidades, sino la historia como relato público tejido en el imaginario colectivo. Esto es: la única historia que realmente cuenta, la historia eficaz; no la de los hechos detrás de la leyenda, sino la leyenda en sí misma, en sus propios términos, como creación narrativa, como narración creadora de los mundos, del mundo... real.
 
La batería de trucos y sutilezas narrativos que buscan rodear de legitimidad a unos y otros puntos de vista (budista, bon u otro) sobre este relato es variada: sueños premonitorios, autorías semimitológicas de los libros en que se inserta la narración, pasajes «mágicos» (perras que todo lo oyen…) o «míticos» (genios protectores en el hombro…) o «religiosos» (protectores del bon que se aparecen en sueños)…[xviii] A modo de cierre, permitidme simplemente desgranar en forma despreocupada un ramillete de otras yerbas. Me reservo ya contar su procedencia concreta, eso queda para la necesariamente más árida exposición de mi tesis en los círculos académicos:
 
- Se guardó el cadáver del rey en una marmita de cobre (otros interpretan que en cien cofres de cobre), que se depositó en un río al cuidado de la reina de las serpientes acuáticas.[xix]
- Lo ngam desterró a los hijos de Gri gum y puso a la reina a cuidar caballos. Estando ella un día en los prados, se quedaría dormida y soñaría que un hombre divino enteramente blanco yacía con ella. Al despertar, ve surgir de su cabecera un yak blanco que sale al galope, y encuentra a su vera una pequeña criatura sanguinolenta. La guarda en un cuerno de yak que porta en un pliegue de sus ropajes, y al cabo llega a gestarse un niñito. Le llamarán Ru las skyes, «el nacido de un cuerno».
- En unas versiones de la leyenda se describe a Ru las skyes pactando con los desterrados hijos del rey difunto (sus cuasi-hermanos, aunque los textos los tratan como hermanos verdaderos) y dirigiendo una expedición militar en la que acaba por «volver del revés» el castillo de Lo ngam y pasar a cuchillo a sus «cien padres y mil hijos». En otras, unos ministros del difunto rey, con la complicidad del cuidador de los caballos de Lo ngam, consiguen introducir en el entorno de este un perro cuyo pelaje han untado con un potente veneno de contacto. Lo ngam lo acaricia y encuentra así la muerte.
- El niño vengador ha sellado un extraño pacto con la reina acuática: ella le devolverá el cadáver del rey, pero solo a cambio de una ofrenda singular: un niño de manos palmeadas como las de los patos y cuyos ojos posean, como en los pájaros, un párpado que cierra de abajo arriba. Después de una larga e infructuosa búsqueda, ve casualmente a una mujer trabajando junto a una acequia; ella le está hablando a su hijito de su amor por él: «Hijo ilegítimo, traído por los dioses y demonios…». Y menciona sus rasgos de rara criatura más inhumana que humana, mitad humana y mitad ave, para, al fin, plañir con corazón de madre: «No quiero que mueras. Matarte no puedo». Así descubierta, apremiada por Ru las skyes la mujer consiente en entregar a su hijo, pero solo a cambio de la promesa de que a Gri gum y todos los reyes de Tibet que le sucedan, al no poder ya más regresar al cielo, se les entierre, y que se instituyan rituales funerarios específicos.
- Otras versiones omiten el episodio del niño de ojos de ave. Toda clase de calamidades, cuentan, pesaban sobre las gentes y los cultivos. Los adivinadores dijeron que era porque el cuerpo del rey había sido echado al río, y que había que buscarlo. Se organizó una batida a lo largo del gTsang-po, sin éxito. Un día se pidió a un adivino muy capaz que ejecutara sus ritos, y este dijo: «El cuerpo del rey lo tiene retenido Khod-de Ring-mo [un espíritu acuático femenino] en Kong-po. […] Si hacemos muchas ofrendas propiciatorias a los espíritus acuáticos, lo obtendremos». Y esto hizo la gente, y el cuerpo emergió. Hicieron una tumba, el primer enterramiento real. Y así, explica un dicho, «se ha erigido una tumba en el mundo de los fenómenos».
- Junto a una disparidad de alusiones tradicionales a la localización de los enterramientos de los reyes de Tíbet, popularmente se sitúa la tumba de Gri gum en distintos enclaves.[xx] Tras la muerte de Lo ngam y la recuperación del cuerpo de Gri gum, Ru las skyes invitó a sus hermanos a retornar de su exilio. Se dice que uno rehusó y fue rey de otra región, donde sus descendientes todavía habitan; el otro sí aceptó, se proclamó rey sucesor con el nombre de sPu lde, nombró a Ru las skyes ministro y restauró como religión oficial al bon, al que su pobre padre había erróneamente desterrado.
 

Lecturas citadas y recomendadas
(Menciono en cada caso la edición o reimpresión más reciente de que tengo conocimiento o, en todo caso, si la hay, una aún accesible hoy en día en el mercado librero. Entre corchetes va el año de la edición original.)
 
Beckwith, Christopher, I., [1987] 1993: The Tibetan Empire in Central Asia. New Jersey y Chichester: Princeton University Press.
Cuevas, J. Bryan, 2003: The Hidden History of the Tibetan Book of the Dead. New York: Oxford University Press.
Haarh, Erik, 1969: The Yar-lu Dinasty. A study with particular regard to the contribution of myths and legends to the history of ancient Tibet and the origin and nature of its kings. Copenhagen: Gad's Forlag.
Hartley, Lauran R. y Schiaffini-Vedani, Patricia (eds.), 2008: Modern Tibetan Literature and Social Change. Durham y Londres: Duke University Press.
Karmay, Samten, [1972] 2005: The Treasury of Good Sayings: A Tibetan History of Bon. Delhi: Motilal Banarsidass.
Karmay, Samten, 1998: The Arrow and the Spindle: Studies in History, Myths, Rituals and Beliefs in Tibet. Kathmandu: Mandala Book Point.
Kvaerne, Per, 1973: «Bonpo Studies, the A-Khrid System of Meditation» y «The Essential Teachings of the A-Khrid System», en Kailash, vol. I.
Kvaerne, Per, 1974: «The Canon of the Tibetan Bonpos», en Indo-Iranian Journal.
McRae, John R., 2003: Seeing through Zen. Encounter, Transformation, and Genealogy in Chinese Chan Buddhism. Berkeley, Los Angeles y Londres: University of California Press.
Snellgrove, David, [1967] 2010 : The Nine Ways of Bon. Excerpts from gZi-brjid. Bangkok: Orchid Press.
Snellgrove, David y Richardson, Hugh, [1968] 2006 : A Cultural History of Tibet. Bangkok: Orchid Press.
Tucci, Giuseppe, [1949] 1999: Tibetan Painting Scrolls. Bangkok: SDI Publications.
Tucci, Giuseppe, [1970] 1998: The Religions of Tibet. Berkeley y Los Angeles: University of California Press.
 
 
 
 
 

[i] Natural de Amdo, una de las tres regiones tradicionales tibetanas, tras ingresar en 1987 como investigador en el Centro Nacional de Estudios Tibetanos de China, en Pequín, inició en 1991 una intensa actividad académica en el extranjero con estancias en Italia, Reino Unido y Noruega, y en Japón, donde finalizó su doctorado en 2004 bajo la dirección de Yasuhiko Nagano. Fichó por la Universidad Central de las Nacionalidades de China en 2007.
[ii] Se ha hecho lugar común el referirse al bon como la religión original de Tíbet. Yo he criticado esta clase de aserciones (“Lha: Towards Assessing Discontinuity in Paradigms of the Sacred”, en East and West, Istituto Italiano per l’Africa e l’Oriente, de próxima publicación) como un punto de vista romántico, bonito de decir pero no necesariamente cierto. El problema de definir el bon y ponerse de acuerdo sobre sus límites es de una enorme complejidad, muy lejos de las pretensiones de este artículo. Yo, además, prefiero evitar calificarlo como religión, y me limito a llamarle pura y simplemente como le llaman los tibetanos: bon. Utilizaré, empero, por mera conveniencia, otra expresión algo más tangencial que tampoco me parece estupendamente feliz: tradición espiritual.
[iii] Un ejemplo entre los más tempranos es la mastodóntica obra de Giuseppe Tucci Tibetan Painted Scrolls, de 1949, que incluye valiosas referencias sobre algunos aspectos del bon.
[iv] Se considera que lo que hoy llamamos estudios del bon debe su nacimiento a un puñado de obras académicas en esas dos décadas, gestadas por los verdaderos padres de la especialidad: el británico David Snellgrove (él lo inició todo con su clásico The Nine Ways of Bon: Excerpts from gZi-brjid, de 1967), el tibetano Samten Karmay (The Treasury of Good Sayings: A Tibetan History of Bon, 1972) y el noruego Per Kvaerne («Bonpo Studies. The A-khrid System of Meditation» y «The Essential Teachings of the A-khrid System», en Kailash, vol. 1, 1973; «The Canon of the Tibetan Bonpos», en Indo-Iranian Journal, 1974).
[v] Generalmente se da por cierto que el bon, o una doctrina afín que le sirvió de precedente, fue lo que hoy llamaríamos la religión oficial de Zhang zhung, probablemente una confederación de territorios que ocupó buena parte de la meseta tibetana. Según se desprende de la Crónica Vieja de Tíbet —ver nota 12—, en el extremo sur del altiplano, en el valle del Yar lung, un pequeño territorio agrícola —ver The Tibetan Empire in Central Asia, págs. 11 y sigs.—, una conspiración de nobles contra uno de los líderes de Zhang zhung a principios del siglo VII dio origen a lo que muy rápidamente se convertiría en un poderoso imperio militar: Tíbet. Todavía en la primera mitad del mismo siglo, el primer gran emperador tibetano, Srong btsan sgam po, abrazó el budismo y se anexionó por completo Zhang zhung, acontecimientos que precipitarían la histórica rivalidad, alimentada por motivaciones políticas, entre el budismo y el bon. (Sin embargo, sobre la conveniencia de no descartar del todo la versión de que la anexión de Zhang zhung sucediera en el siglo VIII bajo el reinado de Khri-srong lde btsan, ver The Arrow and the Spindle, págs. 115-116.)
[vi] Todos los acontecimientos que aquí trato son rigurosamente históricos desde el punto de vista de la tradición tibetana, que tiene su propia forma de asignarles fidedignidad. La denominación de leyenda que le doy no implica juicio de valor ninguno sobre su autenticidad; leyenda es toda historia que contiene todos o una mayoría de los siguientes rasgos: es un relato que puede versar sobre personajes históricos, o que se suponen históricos; es inverificable —al menos en algunas de sus partes— pero plausible; ha sido transmitido durante muy largo tiempo; se lo juzga verídico y se lo presenta como tal; contiene elementos exagerados o inusuales, aunque aceptados como verosímiles en el contexto cultural de los tradicionales receptores del relato; y contiene un mensaje moral o una admonición comunes a esa misma cultura.
[vii] Las fuentes dan algunas variantes de deletreo, incluso mezclándolas sin ningún reparo. Es posible que una forma más antigua sea Dri gum (tal como aparece en la Crónica Vieja de Tíbet —nota 12—), pero Gri gum es la más extendida en general, y casi única en fuentes budistas. Algunas de las otras variantes son Dri rum y Gri rum.
[viii] Se conoce a esta línea de monarcas como la dinastía de Yarlung, por el valle del río Yar lung, en el sur de la meseta tibetana. Gri gum ocupa el número ocho en la versión estándar de la lista (el siete en algunas, y aun hubo historiadores que no lo citaron, lo que alimenta la opinión de quienes lo ven como una interpolación aislada). El primer gobernante de la dinastía cuya existencia está históricamente atestiguada, por una mención suya en documentos históricos chinos (A Cultural History of Tibet, pág. 26), es gNam ri slon mtshan, número treinta y dos, que fue el padre de Srong btsan sgam po (ver nota 5). Giuseppe Tucci opinaba (por ej., The Religions of Tibet, pág. 227) que esta larga lista de reyes prehistóricos fue una componenda de retazos dispares de genealogías de varios territorios o tribus, a los cuales se quería hacer partícipes de un proceso político que amalgamara a todos los miembros de la gran familia tibetana. Estaría en realidad, pues, formada de un conjunto de líderes tribales heterogéneo en cuanto a procedencia y antigüedad, y no sería una verdadera sucesión cronológica de «reyes de Tíbet».
[ix] Lo ngam rta rdzi, a quien la mayoría de las fuentes presentan como un vasallo de Gri gum, pero cuya verdadera condición ha sido objeto de muchas discusiones: se le ha querido ver como el cuidador de los caballos del rey, como uno de sus ministros, y hasta hay una fuente histórica que le identifica como un príncipe de Zhang zhung.
[x] Sobre Tucci, ver, por ej., The Religions of Tibet, pág. 227 y 246. Haarh discute de forma muy extensa y pormenorizada este y otros muchos aspectos de la dinastía Yarlung en su denso trabajo The Yar-lu Dinasty.
[xi] Sobre el deletreo del nombre, ver la nota 7. «Muerto por contaminado» es solo la traducción del nombre que figura en A Cultural History of Tibet, pero es posible ver toda una gama de intentos en otras fuentes. Estamos lidiando con tibetano arcaico, una forma temprana de este idioma cuya comprensión presenta un sinfín de lagunas a los expertos. En cualquier caso, habría que interpretar el pasaje aquí reseñado como la asignación a este monarca de un nombre de muy funestos augurios a causa de la sordera de la nodriza.
[xii] Manuscrito recogido por Paul Pelliot en 1908 en la famosa «biblioteca» sellada, cueva n.o 17 de Mo Gao, en Dunhuang (extremo occidental de la provincia de Gansu, en China), que se guarda en la colección de Paul Pelliot en la Biblioteca Nacional de Francia.
[xiii] Los estudiosos consideran que la cueva 17 de Mo Gao se selló el año 1035. En cuanto a la antigüedad de la Crónica Vieja, se suele suponer que debe datar de finales del siglo VIII o ya del siglo IX (The Hidden History of the Tibetan Book of the Dead, pág. 30, nota 19), pero entre su composición y el cierre de la cueva sufrió reorganizaciones que han dado serios quebraderos de cabeza a los historiadores actuales (por ejemplo, sobre la época de la anexión de Zhang zhung: The Arrow and the Spindle, pág. 115).
[xiv] Nacido en Tíbet oriental en 1936, después de recibir educación monástica escapó brevemente a La India en 1959 con su familia, pero la vida le llevó en 1961 a Londres, donde se sacó el título de Doctor. Se trasladó a Francia en 1980, donde ha pasado el resto de su vida hasta hoy. Es sin duda uno de los más grandes académicos de las últimas décadas dedicados al estudio de la historia antigua y la historia religiosa de Tíbet, y también un gran precursor y luminaria del estudio del bon en Occidente.
[xv] Nombre de la etnia mayoritaria de China.
[xvi] Nacido en 1959 en la provincia de Sichuan de padre descendiente de tibetanos y madre han, Tashi Dawa recibió el nombre chino de Zhang Niansheng, y vivió y se educó hasta la adolescencia en Chongqing, en ambiente puramente chino. Tras moverse con su familia a Lhasa, la capital de la región de Tíbet, en 1978 fue a estudiar durante un año a Pequín, y allí entró en contacto con los círculos literarios chinos de la época. De vuelta en Tíbet al año siguiente, estrenó la década de los ochenta escribiendo en chino historias cortas en el estilo realista favorecido por la intelectualidad de corte marxista. Pero hacia 1985, más profundamente conocedor de la realidad tibetana, dio un giro radical introduciendo distorsiones espacio-temporales e ideológicas que envolvieron su obra por casi dos décadas en una extraña atmósfera que ha sido descrita como de típico realismo mágico al estilo latinoamericano. Un artículo accesible, reciente y muy informativo sobre él y su literatura se puede encontrar en Modern Tibetan Literature and Social Change, capítulo 9.
[xvii] Según la tradición bon, varios de estos textos son obra de Dran pa nam mkha’, gran sacerdote que, en el momento de la supresión del bon que esta tradición atribuye al rey Khri srong lde brstan (siglo VIII), en contraste con la inmensa mayoría de sus sacerdotes, que salieron al destierro allende las fronteras de Tíbet, eligió quedarse en el país y convertirse al budismo pero, secretamente fiel todavía al bon, convenció al rey para que le permitiera redactar, compilar y esconder un corpus de obras bon que, a la postre, siglos después iban a reaparecer y renovarían la tradición. Por todo ello –entre otras cosas–, su figura permanece envuelta en un aura legendaria, y es fácil entender que cualquier obra que se le atribuya porta un importante sello de autoridad para el bon.
[xviii] Quisiera citar, en traducción mía, unas palabras que, aunque de un contexto diferente, vienen muy a cuento. John McRae incluye en Seeing Through Zen (un estudio del budismo chan —precursor del zen— de la China de la dinastía Song) una penetrante síntesis del aspecto transformativo ideológico de la literatura religiosa. En sus palabras, el idiosincrásico chan suena muy bon: «Una y otra vez nos vemos lidiando, no con lo que sucedió en un momento dado sino con lo que la gente pensaba que había pasado. Nos las vemos no tanto con hechos y acontecimientos como con leyendas y reconstrucciones, no tanto con logros y contribuciones como con atribuciones y legados. Las leyendas y las reconstrucciones, y no los supuestos hechos “reales”, determinan la praxis religiosa y social posterior. Esta observación es susceptible de aplicarse más allá del chan en la descripción de qué es lo que hace tradiciones a las tradiciones.15 Pero es ciertamente aplicable al chan: no verdadero y, por lo tanto, más importante» (págs 14-15).
[xix] Traduzco aquí como serpientes acuáticas aquello a lo que en contextos budistas suele hacerse referencia con la palabra de origen sánscrito naga, que denota una clase de genios o espíritus acuáticos. Por otro lado, numerosas culturas de diversas partes del mundo han guardado la creencia en distintos seres que habitaban ríos y lagos, incluidas las mujeres de los ríos, cuyos relatos abundaban en las sociedades agrarias tradicionales europeas.
[xx] Según la tradición, las tumbas de todos los reyes desde Gri gum se erigieron en ‘Phyong rgyas, no lejos de Lhasa, pero allí hay solo nueve, y la explicación más a mano ha sido que las demás tiempo ha que desaparecieron. Pero hay tratados antiguos que mencionan localizaciones distintas para tumbas particulares. No estaría mal que alguien hiciera un día un estudio exhaustivo. En cuanto a Gri gum, se apunta hoy a un túmulo de cinco metros de altura a pies de Bon ri, el monte sagrado del bon, en la región de rKong po, en el extremo oriental del valle del Yar lung. Los habitantes del lugar aseguran que es ahí donde el rey Gri gum yace, y una serie de referencias cruzadas entre la toponimia de la zona y los lugares que mencionan las fuentes históricas sobre Gri gum y su batalla con Lo ngam aporta fuertes sospechas de que están en lo cierto (The Arrow and the Spindle, págs. 223-226). Empero, a falta de un estudio arqueológico, la prueba definitiva está aún por llegar.

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Francisco Javier Ayllón Piquero
Sobre el autor:
 Francisco Javier Ayllón Piquero

Traductor

 

Nationalidad: Español.

Fecha de nacimiento: 7 de noviembre de 1962.

 

Educación

- Licenciado en Biología Ambiental, Universidad Autónoma de Madrid, 1987

- Agentes Ambientales, Ministro de Cultura de España, 200 horas, 1987

- "Monitores de Educación Ambiental en el Medio Urbano Ayuntamiento de Madrid, 1.000 horas, 1988

- II Máster en Gestión Ambiental, Instituto de Investigaciones Ecológicas, 500 horas, 1994-96

- Profesores de Español como Lengua Extranjera International House-Madrid, 105 horas (60 de teoría, 45 de práctica), mayo de 2001

- Programa de Doctorado en Historia de la Religión Universidad Central de las Nacionalidades de China, Pequín (China), de septiembre de 2007 hasta la fecha de hoy.

 

Experiencia profesional

A) En el campo del medio ambiente (1988-2001)

       - Monitor de educación ambiental en el medio urbano Madrid, 1988-1989, 6 meses

- Monitor del campo de verano itinerante a lo largo del río Tajo

Instituto de la Juventud, Ministerio de Cultura, 1989, 3 meses

- Campaña de educación ambiental «Disfruta Madrid limpio. Da gusto»

Ayuntamiento de Madrid, 1991-1992, 12 meses

- Monitor de la Escuela-taller de Monfragüe (Parque Natural de Monfragüe)

Junta Extremadura, 1993-1994, 12 meses

-  Director de equipo e instructor en proyectos de voluntariado

       - De la fundación británica de cooperación al desarrollo The Sunseed Trust, en su sitio de investigación y educación en el desierto de Almería (sureste de España), 1994-1997, 3,5 años, a tiempo completo.

       -Del proyecto de agricultura permanente de la asociación Arte Elemental en Cádiz (España meridional), 1998, 3 meses

- Editor Jefe

El Cortafuegos, boletín mensual de la Campaña Nacional Escolar de Prevención de Incendios Forestales del Ministerio de Medio Ambiente de España, 2000 y 2001, 24 meses

 

B) En el área de las lenguas (desde 2001 hasta hoy día)

- Profesor de español como lengua extranjera

Universidad de Lenguas Extranjeras de Shandong, en Ji´nan, capital de la provincia de Shandong (República Popular China), 2001-2002 (9 meses) y 2003 (4 meses).

- Profesor de español como lengua extranjera

Centro Cultural Español de Daegu, (centro asociado al Instituto Cervantes), República de Corea, 2002-2003 (12 meses). Examinador en los exámenes oficiales DELE, Seoul, mayo de 2003.

- Traductor/editor

Canal en español de la Televisión Central de China, Pequín (China), diciembre de  2003 - noviembre de 2004.

- Corrector y traductor

Buró de Traducciones del Comité Central del Partido Comunista Chino, Pequín (China), de diciembre de 2004 hasta el día de hoy.

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