| El desarrollo en la Indochina francesa, el orientalismo como el mal menor |
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Por José Rafael Martínez García En 1978, Edward W. Said dio a conocer, por medio de su obra homónima, el término “Orientalismo” y al cual definió como “el estilo occidental para dominar, reestructurar y tener autoridad sobre el Oriente” (Said 1994: 3). A lo largo de esta obra, Said propone varios ejemplos de las formas cómo el orientalismo se ha materializado en procesos históricos que abarcan, de manera particular, finales del siglo XIX a tiempos más recientes. Sin embargo, como una categoría de análisis cultural e histórico, el orientalismo, tal como lo propone su creador, es un vocablo que deja de lado, aparentemente, la discusión de su influencia en la retórica política.
Para su análisis, la presente investigación tomará como base documentos originales emitidos en los dominios coloniales franceses del sudeste asiático. Concerniente al criterio aplicado al aspecto lingüístico, el trabajo recupera algunos de los elementos psicológicos y de poder que se desprenden del análisis discursivo. Hacia su parte final, citando el fragmento del discurso de un representante oficial del gobierno francés actual, esta investigación se propone observar a la asistencia para el desarrollo como una forma de renovar, de cierta forma, vínculos coloniales al interior de ex colonias asiáticas.
el primer contacto con lo Otro En 1860, en un apartado rincón de la Cochinchina, el explorador francés Henri Mouhot, en su diario de viaje, con gran agitación describiría a Angkor Wat con estas palabras: « Sur l’azur profond du ciel, sur la verdure intense des forêts de l’arrière plan de cette solitude, ces grandes lignes d’une architecture à la fois élégante et majestueuse me semblèrent, au premier abord, dessiner les contours gigantesque du tombeau de toute race morte ! (…) Peut-on imaginer tout ce que l’art architectural a peut-être édifié de plus beau, transporté dans la profondeur de ces forêts, dans un des pays les plus reculés du monde du monde, sauvage, inconnu, désert, où les traces des animaux sauvages ont effacé celles de l’homme (…) Nous mîmes une journée entière à parcourir ces lieux, et nous marchions de merveille en merveille, dans un état d’extase toujours croissant. (…) Qui nous dira le nom de ce Michel-Ange de l’Orient qui a conçu une pareille œuvre, en a coordonné toutes les parties avec l’art le plus admirable, en a surveillé l’exécution de la base au faîte, harmonisant l’infini et la variété des détails avec la grandeur de l’ensemble et qui, non content encore, a semblé chercher partout des difficultés pour avoir la gloire de les remonter (…) » (Mouhot 1868 : 182-193). “Sobre el azul profundo del cielo, sobre el verdor intenso de los bosques que enmarcan esta soledad, esas grandes líneas de una arquitectura, a la vez elegante, a la vez majestuosa, me parecieron, en un primer momento, ¡dibujar los contornos de la tumba de toda una raza muerta! (…) ¿Es posible imaginar lo más bello que el arte arquitectónico ha quizás edificado, llevado a la profundidad de aquellos bosques, en uno de los países más recónditos de todo el mundo? De un mundo salvaje, desconocido, desierto en donde los rastros de animales salvajes han borrado aquellos de los hombres. Nos ha llevado una jornada entera recorrer esos lugares, yendo de maravilla a maravilla, en un estado de éxtasis siempre creciente. (…) ¿Quién nos dirá el nombre de ese Miguel Ángel del Oriente que hubo concebido una semejante obra, que ha conjuntado todas sus partes con el arte más admirable, que ha vigilado su ejecución desde los cimientos hasta su pináculo, armonizando la infinidad y la variedad de detalles con la grandeza de este conjunto y quien, no estando todavía satisfecho, ha buscado, aparentemente, dificultades por doquier a fin de tener la gloria de remontarlas? (…)”
Angkor Wat Aunque de evidente emoción, las palabras que Mouhot en su recuento de Angkor utiliza, tales como raza muerta; mundo salvaje, (desconocido o desierto); Miguel Ángel, difícilmente, resultarían ser fortuitas o exentas de una carga semántica y cultural particulares. Como en cualquier idioma, las palabras refieren a una forma cómo el mundo es percibido e interpretado. Es decir, “[U]n objeto no existe más que a través de las descripciones que de él se hacen. Dichas descripciones sucesivas son siempre constructos: el hombre observa el mundo que lo rodea y da una interpretación ideológica de él que se inserta tanto en su práctica social y la cual es justificada por ella o bien, justificándola” (Calvet 1974: 15). De acuerdo con Penny Edwards, las palabras de Mouhot, además: “(…) mostraban al público y políticos franceses ‘lo que valían estos países de los que gobiernos europeos buscaban apropiarse. (…) Quiénes eran estos pueblos (…) qué debían quedarse y qué dejar (…)” (Edwards en Clancy Smith et al. 1998: 110). Dicho de otro modo, mediante sus recuentos de viaje, Mouhot abriría una brecha, por medio de la cual, la imaginación, articulada por medio de palabras, resultó ser la primera en dominar lo que después se convertirían en las posesiones coloniales francesas en la Indochina. Con base en lo anterior, cabe ahora preguntar ¿de qué modo el colonialismo se vincula con el discurso?
Lingüística y Colonialismo, teorizando al orientalismo Una forma cómo se ha vinculado a la dominación (colonial) y lingüística tiene lugar por medio del orientalismo. “[E]l orientalismo expresa y representa aquella parte cultural e incluso ideológica como un modo de discurso a través de instituciones, vocabulario, trabajo académico, imaginería, doctrinas e incluso por medio de burocracias y estilos coloniales” (Said 1994: 2). La relación entre lingüística y dominación es tema que autores como Louis-Jean Calvet han abordado en décadas recientes. De acuerdo con Calvet, en efecto, la relación entre lingüística y poder se hubo originado en tiempos en que la palabra ario fue acuñada. Para el padre del término, el Conde de Gobineau, existía una diferenciación biofísica entre los seres humanos. Para Gobineau, en efecto, ario estaba relacionado históricamente con aquellos individuos libres, por oposición a los esclavos. La palabra ario “(…) aparentemente designa una superioridad social y/o racial” (Calvet 1974: 37). La cuestión étnica, es decir, el punto medular para Gobineau, reposaba también en una dirección doble de superioridad: la de los invasores del norte sobre los invadidos del sur; y la de nobleza sobre plebe. Esta superioridad, a su vez, estaba vinculada con un progreso científico “(…) [el cual estaba] encarnado por los indoeuropeos; un progreso al que, a su vez, se le relaciona con una ideología racista derivada de la teoría marginal de los estados y la cual forma parte de una teoría más compleja no sólo racista (…) sino, más bien, elitista (…)” (ibídem: 38). De este modo, para Calvet, una forma a las que recurre el colonialismo para justificar sus acciones es apelando a la teoría de la superioridad del colonizador a la cual, de acuerdo con el autor, el colonizador agrega humanismo. la civilización como misión En su discurso de inauguración de la Exposición Colonial de Vincennes en 1931, Paul Reynaud, entonces primer Ministro francés, dijo: « En Asie, où nous avons apporté aussi comme premier présent l’ordre et la paix, que nous maintiendrons, nous avons trouvé à son déclin une civilisation millénaire pour laquelle nous avons de l’admiration et du respect. N’est-ce pas nous qui avons sauvé le temple d’Angkor de l’étreinte meurtrière de la forêt vierge qui l’avait envahi ? » (Cooper 2001 : 71) “En Asia, en donde hemos llevado como prioridad el orden y la paz, y los cuales preservaremos, encontramos una civilización milenaria por la cual tenemos admiración y respeto. ¿Acaso no hemos sido nosotros quienes rescatamos el templo de Angkor del abrazo mortal de la selva virgen que lo había invadido?” Lo que hubo sido conocido como mission civilisatrice (misión civilizadora) había comprometido a Francia, desde tiempos pasados, a plantear sus conquistas, no sólo en el tenor de una expansión territorial sino, también, como un deber moral. Sin suprimir culturas locales, de acuerdo a altos personajes de la política colonial en Indochina, Francia debía convertirse en una suerte de tutor que velaba por la seguridad de sus dominios y que preservaba lo que consideraban era la esencia cultural de Indochina (Edwards en Clancy-Smith et al. 1998: 123). En el caso de Camboya, uno de los símbolos con los que más buscó la administración colonial vincularse, en tanto protector, fue el de Angkor. Desde una perspectiva psicológica, también, la importancia de Angkor puede ser explicada mediante consideraciones que al respecto Nicola Cooper ha formulado. De acuerdo con este autor, en efecto, Angkor se convirtió en una suerte de fetiche en la imaginación metropolitana. El significado de este sitio, en efecto, “(…) atrae la atención respecto a la ambigua posición de Indochina para la metrópoli la cual [por su parte] gira entorno de ejes de ausencia-presencia, deseo-repudio, reconocimiento y falta de reconocimiento” (Cooper 2001: 75). A pesar de reflejar una idea de admiración al imaginar una cierta visión de la Indochina, el discurso colonial no traspasa ciertos límites y preserva la imagen de inferioridad de esas tierras y de sus habitantes. Esta situación se enfrenta con otra paradoja: la de construir una patria fuera de la patria que no exceda, sin embargo, la grandeza de la original. La mise en valeur, o la construcción de la patria ultramar « Elle sait, en effet, cette élite, que c’est la souveraineté française, basée sur le droit du bienfait et du progrès, qu’a vraiment fait l’Indochine, fondé la France en Asie, crée cette union puissante de pays hétérogènes et de peuples divers dans laquelle, comme dans une mutualité fraternelle, l’effort de chaque profite à tous et l’effort de tous à chacun. De ces pays différents, séparés, sans lien, trop faibles avec leurs seuls moyens, plus vulnérables dans leur isolement, condamnés chacun par leur solitude à ne devenir, dans le grand tourbillon de la vie moderne, que les satellites obscurs et serviles d’autres Etats » (Cooper 2001 : 32). “Ella [Francia] sabe, [es decir] esta élite, en efecto, que es la soberanía francesa, basada en el derecho de lo correcto y del progreso las que han verdaderamente hecho a la Indochina que Francia fundó en Asia y la cual ha creado esta unión poderosa de países heterogéneos y de pueblos diversos quienes, como una comunidad fraterna, el esfuerzo de cada beneficio es para todos y cada uno. [La unión] De esos países diferentes, [que] separados, sin vínculo, [serían] demasiado débiles si estuviesen solos, [serían] más vulnerables en su aislamiento, [estarían] condenados, todos, a convertirse, en el torbellino de la vida moderna, en nada más que satélites oscuros y serviles de otros Estados”. Mise en valeur es un término acuñado por la administración colonial francesa que estaba vinculado con una idea de tutelaje cultural y moral así como por la búsqueda del desarrollo económico de las colonias por parte de la metrópoli francesa. La política de la mise en valeur, en efecto, refería a una serie de directrices impulsadas desde París a fin de incorporar a la Indochina en una era de desarrollo. Desde esta perspectiva económica, la búsqueda de desarrollo tuvo como meta, en una primera etapa, la organización de fuentes de riqueza (explotación de recursos agrícolas y minerales). En un segundo momento, esta política se abocó a la creación de infraestructura (estaciones eléctricas, puertos, carreteras, etc.) (ibídem: 29). Lingüísticamente, la traducción literal de mise en valeur es la “puesta en valor” o “valorización”. La forma cómo puede traducirse dicho término implicaría, de igual manera, un cambio de su análisis semántico vinculables con un aspecto que deriva de la ideología del lenguaje. El interés que representan las ideologías del lenguaje, en efecto, proviene del hecho que su análisis puede tener tanto desde una perspectiva lingüística como social y no sólo de lenguaje. De acuerdo con Woolard y Schieffelin, en efecto: “(…) dichas ideologías imaginan y promulgan vínculos entre un lenguaje y un grupo así como con una identidad personal, estética, moral y epistemológica. A través de dichos vínculos, [las ideologías] a menudo apuntalan importantes instituciones sociales. [Dicho de otro modo] La inequidad por excelencia al interior de grupos de hablantes y encuentros coloniales (…)” (Woolard y Schieffelin 1994: 56) Producto de esta vinculación desigual derivaría el desfase entre las metas de la mise en valeur y la realidad de sus alcances. Además de vinculársele con una forma importante con una planificación, por medio de la cual, la metrópoli francesa buscó hacer de sus dominios en el Asia entidades económicas rentables y autosuficientes, la mise en valeur, en efecto, se encontró también al origen de modernas formas de explotación (Murray 1980; Gunn 1990). Al evaluar el impacto económico de un mandato colonial, “(…) debe hacerse énfasis en el grado en que dicho mandato condujo al establecimiento de las condiciones que tanto alentaron como limitaron el desarrollo (…) (Fenichel 1971: 1). De acuerdo con este mismo autor, “[L]a contribución económica del colonizador debe ser valorada en términos del desarrollo que tuviera lugar durante el mandato colonial así como en razón de la base que para el futuro desarrollo haya sido establecida al momento en que el control le sea devuelto a la colonia misma” (ibídem: 2). Basándonos en Fenichel, si consideramos que hasta hace unos años, los Estados nacionales que surgieron de la otrora Indochina francesa figuraban entre los más pobres del orbe[ii], el desarrollo que alentó la mise en valeur tuvo un alcance limitado. Hoy día, en efecto, países como Camboya, Laos y Vietnam, aunque en diversos grados, dependen de la asistencia para el desarrollo proveniente de otras naciones, entre las que destaca su antigua metrópoli, Francia. El mal menor como estrategia para el desarrollo En el marco de la firma de acuerdo previo de cooperación, a principios de 2007, el gobierno francés, representado por la Ministro de Cooperación y Francofonía, Brigitte Girardon, dijo en un discurso en Phnom Penh[iii]: « À l’occasion du déplacement du Premier ministre, nous avions signé ensemble à Paris le document‑cadre de partenariat (DCP) entre la France et le Cambodge. (…) pour la première fois, il était possible de formaliser avec un pays partenaire les priorités de notre coopération en faveur de son développement, (…) C’était aussi l’occasion d’intégrer pleinement des thèmes importants pour notre coopération tels que son contexte régional, l’efficacité de l’aide, la question du genre ou encore la coopération militaire. (…) Ce document‑cadre de partenariat a donc été élaboré avec vous, et en fonction des priorités qui sont celles du gouvernement cambodgien. (…) il engage l’ensemble des acteurs de la coopération française dans votre pays : l’État, bien sûr, mais aussi nos collectivités locales, nos entreprises, nos ONG, ou encore nos organismes de recherche. (…) d’autres interventions sont également prévues par la France dans des domaines aussi importants que le développement urbain, la gouvernance, la promotion de l’enseignement supérieur et de la recherche, la promotion de la langue française, la coopération culturelle et le patrimoine ». “Con motivo de la visita del primer Ministro, firmamos en París el documento-marco de sociedad (DCP, por sus siglas en francés) entre Francia y Camboya. (…) por primera vez, fue posible formalizar con un país asociado las prioridades de nuestra cooperación a favor de su desarrollo, (…) Sirvió esta ocasión también para integrar plenamente los temas importantes para nuestra cooperación de acuerdo a su contexto regional, la eficacia, la cuestión del género de ayuda e incluso, la cooperación militar. (…) Este documento-marco de sociedad ha sido, pues, elaborado con ustedes y en función de las prioridades marcadas por el gobierno camboyano. (…) compromete al conjunto de actores de la cooperación francesa en su país: el Estado, por supuesto, pero también a grupos locales, nuestras empresas, nuestras Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) e incluso, organismos de investigación. (…) otras participaciones han sido también previstas por Francia en sectores tan importantes como el desarrollo urbano, gobierno, la promoción de la enseñanza superior e investigación, la promoción de la lengua francesa, la cooperación cultural y el patrimonio.” Fechado en enero de 2007, de este fragmento de discurso oficial francés sobre cooperación, es posible resaltar varias ideas, muchas de las cuales, además, poseen una gran similitud con discursos que en el pasado la administración colonial hubo pronunciado y en este trabajo se han citado. La primera coincidencia, desde una perspectiva de contenido, es la relativización del término mediante el cual Francia reconoce la soberanía de un Estado, en este caso, Camboya. De acuerdo con Dicho de otro modo, siendo Camboya un Estado independiente desde 1953, desde entonces, también, Francia legalmente reconoce su soberanía. Mediante ésta, en efecto, Francia estaría impedida a injerir en los asuntos que caen bajo competencia de Camboya por ejemplo “(…) desarrollo urbano, gobierno, la promoción de la enseñanza superior e investigación (…)”. Sin embargo, el aspecto más interesante de este discurso lo representaría la ‘readaptación’ del concepto de mise en valeur. La mise en valeur, en efecto, tenía como meta fomentar el desarrollo mediante la organización de las principales fuentes de riqueza localizadas al interior del territorio colonial. El objetivo, pues, era tutelar el acceso de estos países al torbellino de la vida moderna (ver supra). Este aspecto económico, a su vez, deriva en otro más complejo: la limitación, por parte de Francia, para reconocer a Camboya como un Estado capaz de aportar una solución ‘indígena’ a sus problemas internos. Esto es a lo que Said, en una de las acepciones que propone dice: “[E]l orientalismo puede ser abordado y analizado como una institución corporativa que trata con el Oriente –mediante afirmaciones, [o bien] describiéndolo, gobernándolo, autorizando puntos de vista así como enseñando sobre y asentándose en él (…)” (Said 1994: 3). Un aspecto que confirma esta perspectiva discursiva, a priori, orientalista, es el papel que, como en el pasado mediante la mise en valeur, hoy, a través del DCP, se otorga a la cultura francesa representada por su la difusión de su lengua. Expresado de otra forma, la promoción del desarrollo requiere de un instrumento cultural, en este caso la lengua y cultura francesas, las cuales, a su vez, tienen como objetivo traducir los códigos culturales y semánticos del lenguaje de la modernidad.
En el siglo XIX, uno de los puntos medulares sobre los cuales descansó la expansión colonial europea fue la modernización. Valiéndose de avances tecnológicos, imperios europeos se lanzaron a la conquista del mundo amparándose en la razón. Una vez asentados en nuevos dominios, sin embargo, esta razón se fue difuminando, y de forma creciente, los europeos tuvieron que apelar a una jerarquización social más subjetiva. Clasificando con base en clase y raza, por ejemplo, los europeos hacían eco de sus ansiedades las cuales, por su parte, aumentaban derivado de su cada vez más estrecha vinculación con el ‘Otro’. En este contexto, la modernidad fue abandonada y en su lugar vino otro concepto: el desarrollo. Aunque en origen pudo haber tenido una motivación de estricto provecho económico, el desarrollo fomentado en las colonias se convirtió, de hecho, en un escenario en donde los europeos se batieron periódicamente en luchas feroces para ratificar la preeminencia de su cultura sobre la del ‘Otro’. Discursos, documentos y en general, toda una serie de trabajos de naturaleza lingüística, se terminaron convirtiendo, no sólo en pruebas de la ansiedad europea sino, también, en legados sobre los cuales se erigen y justifican, hoy día, políticas de ex imperios europeos que, enfundadas en la capa del desarrollo justo, perpetúan un juego de poder mediante el cual aseguran su dominación a través de la dependencia tecnológica y económica de ex colonias. Bibliografía Calvet, Louis-Jean (1974) Linguistique et colonialisme: petit traité de glotofagie Paris: Payot Cooper, Nicola (2001) France in Indochina Colonial Encounters Edwards, Penny en Clancy-Smith, Julia and Fenichel, A. H. and W.G. Huff (1971) The Impact of Colonialism on Burmese Economic Development. Gunn, Geoffrey C. (1990) Rebellion in Mouhot, H., (1868) Voyages dans les royaumes de Siam de Cambodge et de Laos Paris : Hachette. Murray, Martin J. (1980) The Development of Capitalism in Colonial Said, Edward W. (1994) Orientalism Woolard, Kathryn A. y Schieffelin, Bambi B. (1994) “Language Ideology” en Annual Reviews 23: 55-82 Disponible en: http://www.jstor.org/stable/2156006 NOTAS [i] Para efecto de definir qué entendemos en este trabajo como objetivo del discurso colonial me apego a lo que al respecto dice Cooper quien a su vez cita a Bhabha: “(…) is to construe the colonised as a population of degenerate types on the basis of racial origin, in order to justify conquest and to establish systems of administration and political control (…)” (Bhabha en Cooper 2001: 6). [ii] En 1990, de acuerdo con una disposición acordada por el gobierno francés de aquel entonces llamada Le Discours de [iii] Véase: « Discours de madame Brigitte Girardin Ministre Déléguée à http://www.ambafrance-kh.org/IMG/doc/Signature_avenant_du_DCP_PETIT_Format_.doc Consultado el 25 de julio de 2009.
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